La paradoja que te paraliza: querer cambiar sin cambiar

Salir de la zona de confort

Querés un cambio pero no sabés por donde empezar. O sabés por donde empezar pero no lo hacés. O estás haciendo un cambio pero… en verdad no lo estas haciendo por alguna razón.

No importa en cual de estas situaciones estés, si en una o en todas, lo único que sabés es que querés llegar de A a B pero seguís en A.

¿Estas realmente dispuesto a cambiar? ¿qué estás dispuesto a perder para lograr el cambio?

El cambio sin cambio

Puede ser que hayas reconocido algunas de las trabas mentales que te limitan. Que hayas decidido que necesitas hacer un cambio. Pero lo que decimos no siempre se condice con nuestro accionar.

A modo de ejemplo me gustaría contarte brevemente en qué lugar estaba parado cuando decidí renunciar a mi trabajo para buscar mi propio camino. Antes de renunciar mis deseos eran: quiero trabajar de otra cosa; quiero hacer algo que me guste; quiero ganar más o como mínimo lo mismo; no quiero viajar tantas horas todos los días; no quiero insumir tanto tiempo para buscar algo nuevo, etc. Es el perfecto ejemplo del deseo continuo de cambio, ¡sin cambio!

Es decir quería un cambio, pero sin cambiar…. 😕  No quería ponerme en una situación que me quede incómoda. No estaba dispuesto a cambiar ni a perder nada y solamente quería que cambie mi entorno. Podría decir, algo ¡totalmente imposible! Con el pasar del tiempo, viendo que no me cambiaba de trabajo, me empecé a contar a mi mismo todas las historias posibles justificándome porqué no cambiaba: que la situación del país es complicada, que no se consigue laburo, que es muy difícil o casi imposible trabajar de algo que me guste, que hay mucha competencia, etc. Todos cuentos que armaba como excusas para justificar el lugar en el que estaba parado.

Mi historia es solo un ejemplo, pero no es algo fuera de lo común, ¡todos lo hacemos! El tema es identificar primero si esa historia que nos contamos nos sirve o solamente es una traba que limita nuestro accionar.

La zona de confort

Algunas personas relacionan zona de confort con bienestar. Nada más lejos de la realidad. Estar en la zona de confort y no poder movernos (cuando sí existe el deseo de cambio) puede generar un malestar enorme.

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Algunos casos de confortitis:

  • La queja constante: es el caso de los que se quejan por todo pero no hacen nada para cambiar su situación porque la solución siempre está afuera. Ejemplo 1: se queja del tránsito esperando que algún día cambie cuando los 365 días del año es bastante caótico andar en auto en una gran ciudad. Ejemplo 2: se queja de que sus compañeros de trabajo no trabajen a la par o bien tengan recompensas no merecidas, cuando él se rompe el lomo. Espera ser reconocido algún día…
  • Si funciona no se toca: que algo “funcione” es el principal argumento para mantener las cosas como están ya que no hay necesidad de cambio. Puede ser que esté atado con alambre asique por las dudas no lo toco. Pero si deja de funcionar puede que la pase mal. Puede aplicar tanto a bienes materiales como hasta en relaciones personales. Ejemplo: mantengo una relación de amistad de hace muchos años y no busco generar nuevos vínculos. Si por x motivo se rompe la relación quizá nos sintamos solos por no habernos preocupado nunca de generar/cultivar nuevas relaciones de amistad.
  • Miedo al miedo: se puede producir una especie de parálisis por temor al cambio, incertidumbre, a las no garantías, a repetir una experiencia anterior, etc. Puede ser que el cambio que deseamos sea enorme y produzca vértigo.
  • Justificación de la comodidad: La eterna justificación es un recurso que usamos para contar porqué nos quedamos donde estamos y no nos movemos fuera de nuestra zona de confort.

¿Te es familiar alguna de estas situaciones? Para salir de la zona de confort primero hay que saber cuál es nuestra zona de confort: ¿en qué te refugias para no afrontar el cambio?

La acción

Supongamos que identificamos qué nos frena. Si este proceso fue meramente mental quizá podamos ayudarnos un poco a generar el cambio. No vamos a hacer un cambio en nuestra vida solo con nuestra mente. Tenemos que utilizar todos los recursos que podamos, como por ejemplo ¡la acción!

Ya vimos que para salir de la zona de confort hay que afrontar algunos miedos. El hecho de dar un salto hacia el otro lado puede traernos tanto vértigo que quizá ni nos animemos a dar un paso en esa dirección. Es el momento para diseñar y actuar. Tomo lo que considero como un gran paso y lo divido en pasitos muy pequeños. Sin pensarlo demasiado, actúo. Hago, hago, hago. Ejemplo: si quiero salir a trotar una hora por día, puedo comenzar con 5 minutos al día. Empiezo con una vuelta a la manzana (400m). ¡Sí, una vuelta! Para eso me tuve que cambiar de ropa; disponerme a salir; trotar y volver a casa. Lo difícil no va a ser hacerlo un día, sino mantenerlo en el tiempo. Y cuando nos aburramos de trotar solo una vuelta vamos a dar dos, luego tres y así iremos aumentando la distancia a medida que logremos más confianza. El proceso de cambio se logra haciendo, actuando.

La recaída

La exigencia puede jugarnos en contra si solo nos dejamos medir por los resultados. Si en mi mente solo manejo blanco y negro, éxito y fracaso, dificilmente pueda hacerme cargo del progreso realizado y los beneficios obtenidos. Por eso la constancia es fundamental. Si hay recaída es tan importante retomar como haber empezado en primera instancia.

Asumir la responsabilidad (de tu vida)

Cuando te pregunto ¿qué querés que pase? es para vos puedas preguntartelo a vos mismo con sinceridad. ¿Te vas a quedar quejando del problema, del país, del trabajo, de tu pareja, de tu no pareja, de tus amigos o vecinos? ¿O vas a hacer algo para generar el cambio que en teoría querés?

Muchos quieren quejarse nada más. No quieren cambiar, les importa un comino. Solo quieren derrochar energía con una perorata de excusas y pretextos que justifican su no cambio.

Puede ser que te resulte medio ofensivo mi tono. Quizá pienses ¿y éste quien se piensa que es?. O quizá decidas hacerte cargo de estas preguntas y responderlas para vos mismo entendiendo que sos vos la única persona capaz de generar un cambio en tu propia vida, capaz de elegir tu destino y hacer algo al respecto.

En el momento que te das cuenta de tu responsabilidad es cuando podés asumir un compromiso de cambio con vos mismo.

Si llegaste hasta acá me gustaría que reflexiones un momento sobre lo siguiente:

  1. Pensá en algo que no te esté saliendo en este momento. Algo que te gustaría que sea distinto, que querés cambiar pero no te sale por alguna razón.
  2. Contate a vos mismo las razones de porqué no podes hacer el cambio que deseás (es importante que lo hagas como si se lo tuvieses que explicar a alguien).
  3. Hacete estas preguntas: ¿la causa por la que no podés generar el cambio depende de vos o de otro? ¿qué papel vas a tomar sobre lo que depende de vos? y ¿qué podés hacer sobre lo que no depende de vos?

Es un mini-ejercicio que tiene el mero fin de dar lugar a la reflexión personal. Espero que te sirva al menos para aceptar la responsabilidad sobre ese cambio que no podes realizar y dejar de poner excusas afuera. ¡Vos sos tu propio motor de cambio!

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Gabriel Dias