Este ritual cambió mi vida

En este post te quiero contar sobre un ritual que llevo practicando a diario hace un año y medio y que fue un antes y después respecto a cómo encaro mi vida. Te voy a contar mi experiencia en detalle, incluyendo los aprendizajes que me trajo en todo este tiempo – en mi opinión la parte más importante.

Primero dejame aclarar por qué uso la palabra ritual. Podría usar rutina, costumbre o hábito. Todos tenemos una o más rutinas que repetimos a diario. Por ejemplo: levantarse, lavarse los dientes, bañarse, desayunar y vestirse. Pero la mayoría de las veces repetimos cada una de estas acciones en modo automático. En cambio, un ritual implica llevar a cabo un conjunto de acciones de forma consciente y de forma que puedas conectar en profundidad con vos mismo. Implica también que te das el tiempo y el espacio para llevarlo a cabo.

Para que veas que no estoy hablando de nada místico ni complicado, dejame adelantarte en qué consiste. Se trata simplemente de dar Gracias a lo que somos y tenemos y a las experiencias que vivimos cada día.

“Dar Gracias todos los días”, fácil, ¿no? Estás caminando por la calle escuchando tu playlist de spotify y justo te acordás que tenés que dar gracias. Tiras un “Gracias” al aire y seguís caminado en tu mundo…

¡Bueno, bien, lo bueno es que al menos te acordaste! Pero dejame explicarte por qué el “cómo”, en este caso, hace una gran diferencia.

Los preparativos

Lo único que se necesita para practicar este ritual es: un momento del día que te sienta bien; un lugar cómodo en el que puedas estar tranquilo y relajado (¡teléfono apagado por favor!) y por último y no menos importante la voluntad de hacerlo, al menos una vez.

Entremos un poco en detalle:

  • El momento adecuado: mi mejor momento para este ritual es por la mañana, luego de levantarme (y en general antes de desayunar para no sentir la pesadez del estómago). Hacerlo por la mañana me permite arrancar el día con buena energía y una sonrisa. Sin embargo, a veces lo hago por la tarde o por la noche, según cómo se haya presentado el día. Para cada persona es diferente y lo mejor es probar distintos horarios hasta que encuentres el momento en el que te sentís más cómodo. Por más que tengas un momento de preferencia, siempre podes cambiar o iterar, día tras día.
  • El lugar adecuado: no hace falta que te prepares un cuarto con fotos de santos y mil velitas. Si así lo sentís y lo querés hacer perfecto, pero ¡no te compliques de gusto! En mi caso no tengo armado ningún santuario ni mucho menos (y menos cuando viajo). Simplemente elijo un lugar donde me pueda sentar cómodo y listo. En general siempre es sentado en el piso con las piernas cruzadas (estilo postura de loto), con algún almohadón debajo y una pared o soporte para apoyar la espalda. Si es posible trato que sea un ambiente sin mucho ruido. Por último, si puedo enciendo algún incienso o palo santo que en general me ayuda a relajarme.
  • La voluntad de hacerlo: ¡este es el punto más importante! Te voy a ser sincero. Yo soy de las personas a las que le cuesta de sobremanera tener una disciplina estricta. Entonces ¿cómo hago para mantenerlo? Mi secreto es focalizarme en un día a la vez. Solo necesitás la voluntad de probarlo al menos una vez. No hace falta ponerse un objetivo al estilo “tengo que repetir este ritual por 21 días seguidos hasta que se haga un hábito”. Hay mil rituales o técnicas dando vueltas que te dicen que tenés que seguir este formato. Y no digo que no funcione. Pero yo sé cómo se siente. Uno tiende a postergarlo, a decirse a uno mismo “lo voy a hacer pero no ahora, sino cuando esté más tranquilo (?)”. ¡Una mentira más grande que una casa! No te fuerces a hacer este ritual por más de un día. Se empieza por hoy. No podemos saber siquiera qué va a pasar mañana. Lo único que sabés es que hoy lo podes hacer. Si lo sentís mañana, hacelo de nuevo. Si no lo sentís, no lo hacés y listo. Quizá lo volvés a hacer a la semana, al mes siguiente o al año siguiente. ¿A quién le importa? Esto es algo para vos, no tenés que dar explicaciones a nadie si lo hiciste o lo dejaste de hacer. Lo volverás a hacer cuando lo sientas. Pero al menos haciéndolo una vez vas a ver cómo es, vas a saber que existe, por experiencia propia. Me crucé con varias personas que me dijeron “Si, escuché que existía ese ritual, pero no tengo la voluntad para hacerlo todos los días. Cada vez que lo empiezo después lo dejo de hacer al tiempo”. Repito lo mismo, no hay reglas. Las reglas y exigencias solamente las ponemos nosotros. Si te sale hacerlo una vez cada tanto está bien también. Es mucho mejor que no hacerlo nunca.

Como ven, nada tan complicado. No es un régimen estricto en el que las cosas se tienen que hacer de una sola forma porque si no están mal. Muchas veces estamos esperando que venga alguien y nos de las instrucciones para todo, ¡hasta para vivir una vida más plena! Hay actividades que requieren de un manual o instructivo porque son muy complicadas o elaboradas. En este caso, es algo muy simple que no tiene muchas vueltas. Así que no hay “buenas” o “malas” formas de hacerlo. Simplemente hay distintas formas. La mejor parte es que ¡vos podes crear tu propia forma!

El ritual

Veamos ahora en qué consiste el ritual, mi propia versión:

  • Luego de levantarme y ya ubicado en el lugar que elegí, cierro los ojos y tomo unas respiraciones profundas para empezar a conectar con el presente. Trato de relajar la mente un poco. Respiro con normalidad sin tratar de forzar nada.
  • Una vez que me siento tranquilo digo en voz alta: “Gracias”. Hago una pausa y lo repito nuevamente, un par de veces, hasta que se me dibuja una sonrisa en la cara. De hecho es automático, con el primer “Gracias” ya estoy sonriendo.
  • Luego digo “Gracias por ayer”. Llevo mi atención al día anterior, repasando todas las experiencias vividas, sin importar si fueron buenas o malas. Comienzo a agradecer por cada una de esas experiencias. Me tomo un instante con cada acontecimiento del día. Y por cada uno digo “Gracias”, en voz alta. No hace falta gritar o levantar la voz. Lo decimos en nuestro tono normal de voz. Es como cuando hablamos solos (?). Estos son algunos ejemplos solo para que te des una idea: “Gracias por haber conocido a esta persona”, “Gracias por la cena que compartí con esta otra persona”; “Gracias por ese momento en el colectivo que disfruté mientras escuchaba música”; “Gracias por la vitalidad que sentí cuando hice ejercicio”. Agradecer por las cosas buenas es dentro de todo fácil. Agradecer por las malas a veces cuesta, pero al mismo tiempo nos ayuda a comprender de a poco que cada experiencia llega a nosotros por algo. Siempre hay algo por aprender. Seguimos agradeciendo entonces hasta que repasamos todos los eventos del día.
  • Luego paso al día presente, diciendo “Gracias por hoy”. Agradezco por este nuevo día, por una nueva posibilidad de decidir cómo encarar mi día, por decidir qué intención quiero que tenga mi día. Agradezco por estar vivo. Sin importar si el día anterior fue uno de esos “malos”, agradezco por tener otra oportunidad de cambiar hoy, de elegir cómo quiero que sea mi día hoy. ¡Se siente como un renacer cada día!
  • Por último establezco un propósito o intención para mi día. Puede ser cualquier cosa. Yo tiendo a mezclar algo que me agrada con algo que en general me genera un poco de resistencia. Por ejemplo: “Hoy voy a prepararme la cena que más me gusta” y “Hoy voy a hacer las finanzas del mes”. Trato de tomar una de esas cosas que vengo procrastinando y hacerla, o al menos hacer una parte.
    ¡Atención los exigentes! Nadie te va a forzar a elegir tu propósito. No hace falta que sea algo muy complicado que te ponga en un aprieto. Lo único que vas a lograr si te ponés un propósito muy difícil de cumplir, es generar frustración. Podes empezar con algo súper simple, como decir “hoy voy a llegar temprano a esta reunión/trabajo/compromiso”. Y cada día obviamente puede ser algo totalmente distinto, sin relación con el día anterior.

La descripción puede parecer un poco larga, pero no lleva tanto tiempo de hecho. En general solamente me lleva 5 minutos aproximadamente. Quizá un poco más si así lo siento, pero otra vez, depende de cada día.

¿A quién agradezco cuando digo “Gracias”?

A algunas personas les puede resultar un poco raro decir “Gracias” a la nada. En mi caso yo agradezco al universo. Algunas veces lo digo explícitamente y a veces simplemente lo siento. Agradezco a la vida en general. Sentite libre de agradecer como te salga. Sea cual sea tu sistema de creencias, lo tenés que probar para ver qué se te viene a la mente y al corazón.

Los aprendizajes y beneficios

Bueno, ya te conté de qué se trata el ritual. Estoy seguro de que podes encontrar explicaciones similares en muchos otros blogs. Ahora quiero contarte lo que para mí es más importante, que son los aprendizajes que me trajo esta práctica. Estos aprendizajes son el por qué este ritual me cambió la vida.

Este ritual me ayudó más que ninguna otra técnica o herramienta a conectar con el momento presente.

Me ayuda a conectar con lo que quiero hoy para mi vida, no mañana, sino HOY. Las preocupaciones del futuro y las memorias del pasado quedan a un costado por un momento. Solo importa el ahora mientras estoy practicando el ritual.

Te voy a contar algo curioso. Cada vez que me estoy sintiendo mal por algo (alguna ansiedad, angustia, tristeza o cualquier sensación no agradable), en el momento que decido hacerme cargo y ver qué está pasando, lo primero que me doy cuenta es que no hice el ritual por un par de días (te dije que ¡me cuesta mantener la disciplina!). Entonces lo vuelvo a hacer y casi de forma inmediata me siento mucho mejor. A veces uno se siente mal y no sabe por qué. Pero claro, si nos ponemos a ver en detalle, es muy probable que estemos ignorando lo que venimos sintiendo los días anteriores. Es una clásica el llenarse de actividades y no dejarse ni un momento a solas para uno, para conectar con uno mismo. La mayoría de las veces los malestares vienen por estar mirando al pasado o al futuro. Es por eso que volver al momento presente de forma consciente, me da mucha tranquilidad y me permite ver las cosas de otra manera, focalizado en el único momento en el que puedo incidir, que es hoy, que es ahora.

También me permitió tener una mayor conciencia de mi estado emocional general. Generar conciencia sobre nosotros mismos es el primer paso para sentirse mejor. No es que hacer el ritual nos va a traer todas las respuestas a nuestros problemas. Pero al menos, vamos a ver que hay algo ahí que nos está molestando. Vamos a ser más conscientes. Esta acción va a obrar por si sola, sin que tengamos que forzar nada más.

El hecho de agradecer por todas las experiencias, sean buenas o malas, me permitió tener una perspectiva distinta de las cosas. Las experiencias que nos trae la vida nos permiten crecer. Tener esta mirada sobre las “malas” experiencias me permitió darme cuenta ¿qué tengo que aprender de esta situación? Me ayuda a poner la responsabilidad en mí. La responsabilidad de elegir cómo percibo mi realidad. ¿Por qué me pasa lo que me pasa? ¿Estoy en papel de víctima (que me deja con la impotencia de no poder hacer nada más que quejarme y pensar “pobre de mí”) o voy a responsabilizarme por mi parte? En cada situación que vivimos hay un vinculo entre nosotros y algo que consideramos “externo”. ¿Cuál es mi papel en ese vínculo entonces? ¡Este tema da para un post entero!

Establecer un propósito tiene un doble beneficio. No solo sirve para auto-motivarse uno mismo a hacer algo, sino que al día siguiente, cuando repasamos los eventos del día anterior, podemos agradecer por haber realizado lo que nos propusimos. Lo más importante es que nos damos cuenta que ¡lo hicimos!. Esto impacta directamente en nuestra confianza y autoestima. ¡Nos hace sentir que podemos! Nos ayuda a revalorizarnos como individuos.

Otro impacto importante es que nos permite focalizar en lo que existe ahora, en vez de lo que nos falta. En vez de estar pensando “me gustaría tener” o “me gustaría ser”, nos focalizamos en lo que somos y tenemos hoy, que muchas veces lo damos por sentado. Podes agradecer por tu buena salud, que tenés un techo y comida todos los días, que tenés un trabajo, que sos el único capaz de cambiar tu realidad. Podes agradecer por las pequeñas cosas o por los hechos más relevantes de tu vida. Es tu elección, lo que importa es generar conciencia sobre lo que existe ahora.

Por último, y como ya mencioné antes, hacer el ritual me permite sentir que tengo la oportunidad de generar una realidad totalmente distinta el día de HOY. Mi horizonte es HOY. HOY voy a dar todo lo mejor. HOY tengo este propósito. El cambio en uno no está en el futuro. Es ahora. Es HOY. HOY tenés esa posibilidad de elegir. El truco es que mañana tengas la misma actitud. Así cada día se convierte en algo único.

Tu propia versión

¡Esta es la mejor parte! Y por eso lo repetí tantas veces. No tenés que hacer nada de todo lo que dije. Lo único que importa es que te quedes con el concepto. Tu versión puede ser más corta o más larga, y tener las variaciones que se te ocurran. Lo único importante es mantener la escencia, la gratitud y la conexión con el momento presente.

Si te sentís inspirado podes sumarle a tu ritual una meditación guiada de 5 minutos, antes o después. O también podes sumar un mantra, una frase que te traiga energía positiva. Por ejemplo “Yo soy auto-realización”; “Yo soy paz”; “Yo soy salud plena”. ¡Este también es tema para otro post!

Para terminar te quiero agradecer por haberme leído. Espero que te sirva, que te inspire a vivir un HOY distinto. Que al menos HOY cambie tu día. Que se te dibuje una sonrisa en la cara. Que lo puedas probar, que lo puedas compartir si te sirve o si así lo sentís.

Gracias por estar ahí, gracias por ser mi espejo, ¡GRACIAS!

 

Gabriel Dias