El poder de compartir ideas

Compartir ideas

Me crucé muchas veces con el miedo que tienen algunos emprendedores a compartir ideas sobre sus proyectos o nuevos emprendimientos. Puede ser por distintos motivos, ya sea por temor a que se las roben o bien de recibir un golpe a su ego al escuchar críticas por parte de los demás. Este temor algunas veces lleva a hacer cosas estúpidas como lo que me pasó a mi por ejemplo, de pasar meses creando un producto “genial” que al final nadie necesitaba. Es que al momento de compartir la idea lo hacía con un discurso que no admitía muchas críticas, no estaba realmente abierto a escuchar qué necesitaban las personas. Solamente quería transmitir mi idea del proyecto que estaba creando. Escuché que esto le pasa a muchos emprendedores, que básicamente se enamoran de sus ideas e invierten mucho tiempo hasta validar si realmente su idea de producto/servicio puede tener vuelo o no.

Ideas existen a montones pero faltan personas que las lleven a cabo! Es ahí donde tenemos que entrar en juego. Compartir es el primer paso para que esa idea tome vida, para que pueda ver una luz de esperanza de concretarse.

Puede ser que tengamos una buena idea, pero lo más probable es que mute y evolucione para terminar siendo lo que las personas realmente necesitan – construir algo que nadie necesita puede resultar muy frustrante. Es necesario compartir para que esa idea tome forma. Cada vez que la compartimos vamos acumulando más y más feedback y la vamos puliendo cada vez más. Hasta puede suceder que la idea original deje de existir. Es clave que seamos flexibles, que no nos enamoremos de esa idea que fue únicamente fruto de nuestra creación.

También puede suceder que la compartamos pero que nadie la entienda.

Bueno, si nadie la entiende, quién es el problema, la idea o las personas? La respuesta es NOSOTROS, la forma en la que la estamos comunicando tiene que cambiar, tenemos que aprender a comunicarnos mejor y hacernos entender. Esto resulta en un beneficio que muchas veces no es tan claro a simple vista. El beneficio es que cada vez que comentamos la idea nos escuchamos a nosotros mismos, vemos la reacción en las personas que nos escuchan y tenemos la capacidad de modificar el discurso para que resulte más claro. Compartir una idea nos permite salir de nuestro frasquito mental para hacer frente a las personas que no entienden la forma en que explicamos. Posiblemente sea porque no tienen todo nuestro background, nuestra experiencia en ese tema en particular. Y no la tienen que tener de hecho. El problema no es que las personas no nos comprendan, sino que tenemos que buscar mejores formas de explicar nuestra idea.

Pero ya le conté mi idea a mi mamá, mi hermano y mi abuelita y me dicen que está genial.

Si…claro. Si compartimos la idea con nuestro entorno afectivo o con personas que ni remotamente serán usuarios de nuestro producto/servicio no vamos a tener un feedback que nos sea de utilidad. La típica respuesta de Sí, No, Qué bueno, Qué interesante, no garpa! Es por eso que hay que saber preguntar.

Y cómo aprendo a preguntar?

Preguntando. Sí, así de simple. Tenemos que ser críticos con nosotros mismos, darnos cuenta de nuestros errores, corregir y volver a probar. La primera vez que lo hagamos quizá no logremos los resultados que esperamos. Bueno, se corrige y se vuelve a probar. Qué podemos perder? Un intento nomás. En general pensamos productos/servicios que puedan utilizar muchas personas asique un intento de saber qué piensan nuestros potencial usuarios no es un costo grande. Es una idea nomás, no es el santo grial, no tenemos que tirar meses de haber creado algo que a nadie le iba a servir. Solamente “invertimos” un intento.

Y si me roban la idea?

Entonces no entendiste que la idea en sí no vale mucho, lo que vale es nuestra individualidad y capacidad de llevarlas a cabo. Y eso no se puede robar. Claro que puede aparecer una persona bien despierta y con recursos para hacer una prueba con nuestra idea en caso que sea realmente excepcional. Pero como dije antes, las ideas mutan, evolucionan. No vienen a nuestra mente para quedarse como algo estático. Por más que alguien escuche sobre nuestra idea, no tiene todo ese bagaje que acumulamos fruto de haberla compartido, haberla ajustado y pulido aunque sea solo en nuestra mente. Nosotros tenemos ventaja, estamos un paso más adelante por la experiencia que acumulamos de haberla compartido.

No hay que dormirse tampoco.

Hay que moverse y actuar ya que “nada puede salir de la nada”. Si no llevamos la idea a cabo – al menos una primer prueba piloto – es muy probable que con el pasar del tiempo veamos esa idea llevada a cabo por otra persona, alguien que se animó a seguir adelante y hacerla realidad.

Personalmente, si hago un balance encuentro muchos más beneficios de compartir que en guardarse las ideas para uno mismo.

Qué piensan ustedes?

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Gabriel Dias